El camino para la
perfección de la vida
El hombre material tiene que destruir todas las aspiraciones mundanas por medio de su libre voluntad psíquica. No debe estar apegado por amor ninguno a las cosas terrenales. Su aspiración debe ser reconocer y amar cada vez más a Dios y cumplir en todo la revelada voluntad de Dios aun cuando cueste grandes sacrificios de alma y cuerpo.
Así como se activa el espíritu divino en el hombre, pronto lo llenará todo, lo hace semejante a Dios, le da toda la fuerza y poder, y la eterna vida indestructible.
Por tal razón os dije antes que un hombre puede encontrar a Dios, que es amor eterno, sabiduría y verdad, sólo por el amor puro a Dios y por la verdad basada en este amor, y de ninguna otra manera.
¡Pon una semilla al aire donde la bañe la más clara luz del sol verás como se secará sin germinar! Lo mismo ocurre con el hombre que busca a Dios en la luz de su filosofía mundana; se resecara y se atrofiará, y todo esfuerzo y trabajo será inútil y sin resultado.
Pero cuando se pone el sano grano de Simiente en la tierra, la parabola dice que el hombre empieza a renunciar a todos los deleites sensuales del mundo, se llena de humildad, afabilidad, paciencia, amor y misericordia para con su prójimo, y con esto se llena también del amor a Dios. En estas circunstancias ya es parecido a una semilla capaz de vivir y germinar en el suelo del reino terrenal de la vida verdadera. El espíritu de Dios lo penetra enteramente y lo hace crecer y madurar para la vida verdadera y para la contemplación de Dios.
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