La ociosidad como mal mayor
La ociosidad de los hombres es una vieja trampa de Satanás, en la que estos se dejan seducir de buena voluntad para su perdición eterna. Sin embargo, no es posible crear hombres más perfectos de
lo que son. Poseen raciocinio, inteligencia, el mayor libre albedrío y una conciencia justa que les advierte constantemente. Y además de estas buenas cualidades disfrutan en todas partes y en todas épocas de maestros activos y de sabios despiertos, iguales a ángeles.
Pero su indolencia u ociosidad llenas de lujuria les apartan de lo justo de lo verdadero y de lo bueno, y de este modo les hacen sucumbir en el reino de la perdición. Nada puede ayudarles sino un juicio tras otro y castigos continuos. Y aún estos sólo ayudan a una minoría insignificante.
Creed que verdaderamente no disfruto permitiendo que muchas veces los hombres ociosos sean castigados en la tierra por mil clases de plagas! Pero no hay remedio, pues si un amo no despierta casi diariamente a sus perezosos y somnolientos siervos rendidos a la ociosidad, animándoles a trabajar, su cosecha, beneficio y ganancia serán sumamente escasos. Sólo el celo del amo en despertar oportunamente a sus siervos y trabajadores produce beneficio.»
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