Jesus, hijo de Dios
El Señor: «Pero si el Hijo existió desde la eternidad, ¿cómo Pudo ser engendrado? Y si el Espíritu Santo también existe desde la eternidad, ¿cómo puede emanar del Padre y del Hijo, o sea tomar
origen de ellos? Si según vuestra comprensión e inteligencia, las tres personas divinas, fácilmente convertidas en tres dioses por los
hombres, son de origen eterno, es decir, sin principio ni fin, no puede ser que uno de ellos diera principio a otro.
Yo, hombre de carne ante vosotros, soy el Hijo y nunca he sido engendrado por otro, sino por mí mismo, soy por lo tanto mi propio Padre eterno. Existiendo un solo Dios y un solo Padre en una persona, ¿dónde, si no puede hallarse el Padre sino dentro del Hijo y dónde el Hijo sino dentro del Padre? Este cuerpo mío es figura transfigurada del Padre de los hombres y de los ángeles, para que Yo sea para ellos un Dios visible comprensible; de esta manera podéis ahora verme, oírme y hablar conmigo, estando en vida. Anteriormente se dijo: "nadie puede ver a Dios y seguir viviendo". Yo soy totalmente Dios, dentro de mí está el Padre, y la fuerza que emana de mí según mi amor, mi sabiduría y mi voluntad todopoderosa que actúa en el espacio infinito y lo llena es el Espíritu Santo.
Yo, tal como me veis como Hombre-Dios entre vosotros, Estoy perfectamente unido con todo mi ser original-central y me encuentro totalmente aquí entre vosotros en el cenáculo, en el Monte de los Olivos, como verdadero Dios y como verdadero hombre al mismo tiempo, y no estoy en otra parte del mundo. Pero por la fuerza emanada de mí, que es el Espíritu Santo, lleno y actúo en el cielo y en el espacio material de la tierra así como en el espacio infinito. Lo veo todo, desde lo más pequeño hasta lo más grande, conozco todo, lo sé todo; ordeno, creo, guío y gobierno todo.
Ya que esto lo habéis recibido de mi boca, comprenderéis porqué razón debéis fortalecer a los hombres que creen en mí y que actúan según mi doctrina a ellos revelada, imponiéndoles vuestras manos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Si ahora conocéis la razón, también sabréis que debéis instruir correctamente a los hombres para que no caigan en la idea de creer en tres divinidades distintas porque oyen tres nombres de un solo Dios. Por ello os recomiendo muy encarecidamente que divulguéis en todas las partes la verdadera y auténtica luz entre los hombres, para que no les falte en este sentido; pues lo hombres muy pronto se debilitarán y perderán fácilmente su fe, aceptando cualquier falsa
enseñanza y luego será difícil Llevarlos otra vez al camino de la
verdad.»
Sin embargo no podréis evitar, ni con toda vuestra fidelidad. que haya maestros y profetas falsos que conducirán por mal camino a muchos hombres.»
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