La segunda venida del Señor
El Señor: Ahora pongo la semilla en el reino terrenal y por esto no traigo paz a los hombres sino espada para grandes luchas y guerras
Sólo el hombre que acepte mi doctrina, y viva según ella hallará en sí la luz, la verdad y la verdadera paz de la vida, aunque por esto habrá de sostener y sufrir muchas luchas y persecuciones a causa de mi nombre, lo que también os pasará a vosotros.
Pero cuando venga por segunda vez a este mundo, la efervescencia, las luchas y la persecución entre los pueblos y naciones de la tierra habrán terminado y la relación original entre los hombres y los espíritus puros de los cielos será normal y duradera.
De esto podéis deducir fácilmente por qué será aceptado con el tiempo que al lado del trono pequeño y verdadero de Aarón, en el que os coloco ahora, surja entre los paganos uno falso y de duración larga, y por qué hasta los falsos profetas y maestros serán admitidos en mi nombre.
Vosotros y vuestros descendientes no debéis prestarles atención aun cuando oigáis de boca de los falsos que Cristo está aquí o allá. Jamás habitaré templo construido por manos humanas, sino sólo en el espíritu y en la verdad de quienes me busquen, me reclamen, creyendo sólo en mí, y me amen sobre todas las cosas. Su corazón será mi templo verdadero y en él también hablaré con ellos, los enseñaré, los educaré y los guiaré. Recordad bien esto que os está
dirigido especialmente, para que cuando todo suceda así, no os enojéis, y no olvidéis que ya os lo había dicho previamente, junto con el motivo.
Los bienes de esta tierra no son sino una apariencia, semejante a la de los que se poseen en sueños. La diferencia, pequeña, consiste en que las posesiones del sueño engañan el alma humana durante un tiempo más corto que las posesiones exteriores de este mundo material. Ambas se desvanecen y después del desvanecimiento todo quedará en ilusión ante los ojos abiertos del espíritu vivo, único capaz de dar realidad a la apariencia.
Por esto, ante todo, cada cual trate de obtener posesiones espirituales, o sea la luz, la verdad y la vida del alma. Lo que el cuerpo necesita, será dado en esta tierra a cada fiel trabajador de mi viña en medida justa, porque Yo se muy bien lo que necesita corporalmente el hombre.
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