El camino para conocer y amar a Dios
Cada hombre tiene ojos para ver, orejas para oír, el sentido del olfato, el gusto, el tacto y para todo tiene la inteligencia y la razón, las manos, los pies y un libre albedrío por el que puede mover sus miembros y activar su amor a voluntad. Así dotado ve salir y ponerse el sol y la luna. Ve las estrellas y un sinnúmero de especies de criaturas, a las que puede observar y a través de las cuales puede conocer más y más a Dios, el Señor.
Cada montaña, cada valle abundante en frutos, cada río, las hierbas adornadas de todas las hermosuras, plantas, arbustos y árboles, y todos los animales, le suministran material suficiente para pensar sobre la existencia de todas estas cosas.
Si el hombre medita sobre todo esto, una voz interior le dirá que nada puede originarse por sí, sino que debe existir un sabio creador amoroso y omnipotente, que lo origina todo y lo conserva. Este mantenimiento será eterno, cada vez más noble y perfecto, porque Dios lo ha conservado desde épocas inimaginables al intelecto humano.
Quien tiene este concepto de Dios, el creador, instintivamente
despierta en sí un gran respeto ante Él y un amor cada vez mayor.Una vez que haya amor, comienza en su espíritu la animación del alma, proceso que aumenta en la medida que aumente el amor a Dios. Como el espíritu del amor ilumina al alma cada vez más, ésta se hace una idea cada vez más clara sobre la naturaleza de Dios.
Si de este modo el hombre encuentra el camino hacia Dios y con ello el de la verdadera vida eterna y real, entonces podrá manifestarlo amando al prójimo, guiándole con seguridad, y Dios le recompensará con mayor luz y sabiduría.
Los hombres de la tierra tienen un gran destino: llegar a ser hijos autosuficientes de Dios; por esto deben ser entrenados y educados en la actividad independiente. Salvo la almas demasiado dominadas por el orgullo y la avaricia, todas pueden ser ganadas para el camino de la verdad; pero el orgullo y la avaricia son las inclinaciones mas difíciles de vencer.
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