Enseñanzas del Señor sobre
"comer su carne y beber su sangre"
El Señor: «El pan y la carne son una misma cosa, al igual que el vino y la sangre. Quien escuchando mi palabra come el pan del cielo, y actuando según ella en un abnegado amor a Dios y al prójimo bebe el vino de la vida, come verdaderamente mi carne y bebe mi sangre. De la misma manera que el pan natural que comen los hombres se convierte en carne dentro del hombre y el vino en sangre, así en el alma humana mi palabra hecha pan se transforma en carne, y el vino, por obras de amor, en sangre.
Así, cuando Yo digo "quien come mi carne" y al mismo tiempo ha tomado el vino del amor, que ya no es vino sino sangre de la vida, significa que ya ha aceptado mi palabra no sólo con su mente y su razonamiento, sino también con su corazón, que representa,como dije antes, el estómago del alma; la mente y la memoria del hombre están relacionadas con el corazón como la boca lo está con
el estómago natural. Mientras el pan natural se encuentre entre los
dientes, sigue siendo pan; pero una vez masticado, pasa al estómago, donde los jugos gástricos lo disuelven en sus partes nutrientes, convirtiéndose así en carne. Lo mismo ocurre con el vino y el agua. Sin agua moriría la vid, y todas las plantas y animales necesitan del agua para su nutrición. Mientras mantengas el vino en la boca, no pasa a la sangre, pero cuando pasa al estómago, rápidamente entra en ella. Por consiguiente, quien escucha mi palabra y la retienen su memoria, retiene el pan en la boca del alma. Cuando comienza a meditar, entonces los dientes del alma mastican el pan.
La mente es para el alma lo que los dientes para el cuerpo del hombre. Una vez que la mente ha masticado mi pan, o sea mi doctrina, y la ha comprendido y aceptado, debe ser acogido en el corazón por amor a la verdad y convertirse en hechos mediante una voluntad fuerte. Así la palabra se convierte en carne y por la voluntad fuerte y seria de actuar se transforma en la sangre del alma, que es mi espíritu y sin el cual el alma estaría tan muerta como lo está un cuerpo sin sangre.»
El Señor: «Si un hombre tiene un estómago débil, entonces toma una bebida bien conocida de hierbas por la que los alimentos difícilmente digeridos serán expulsados de modo natural del estómago y de los intestinos. Los alimentos de difícil digestión son comparables con las reflexiones suscitadas en el alma: si debe creer en esto o en esto o en aquello, si debe actuar según ello...
Cuando el estómago natural y débil se ha purificado ¿qué es necesario hacer para que se fortifique y permanezca así? El hombre
ha de ser activo y realizar bastantes ejercicios al aire libre y fresco
y el estómago pronto vuelve a adquirir su fuerza y salud. Lo mismo debe hacer también el alma, purificando su corazón de todas las doctrinas, conceptos e ideas erróneos. Con amor y fe acepta la verdad enseñada por mí y acto seguido se pone en actividad, con lo que se fortificará pronto, recuperando la salud para siempre.
Por ello ninguno de vosotros sea solamente oyente sino al mismo tiempo practicante activo, serio y obediente de mi palabra, y todos los recelos y dudas desaparecerán pronto de su alma.
El estómago corporal, cuando está fuerte y saludable, puede aceptar sin sufrir daño toda clase de alimentos puros, y en caso de necesidad también impuros, porque su actividad expulsa las impurezas o las transforma, haciéndolas elementos puros. Lo mismo hace el estómago fuerte y enteramente sano del alma. Por consiguiente para el puro todo es puro y ni la más impura emanación pestilencial del infierno puede perjudicarle.
Tan pronto como estéis en plena posesión de mi reino en Vosotros, podréis pisar serpientes y escorpiones y tomar venenos del infieno y nunca os harán daño. En verdad os digo que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre, lo recibiréis. ¿Dónde entre los hombres, la mayoría malos, hay un padre que, si su hijo le pidiera pan, le daría una piedra, o si su hija le pidiera un pez le daría una serpiente?
¡Si ya los hombres, generalmente de mal carácter, hacen buenos regalos a sus hijos, cuánto más vuestro Padre en los cielos, el único bondadoso, hará buenos regalos a los que le piden con amor y fe!
Por ello ¡sed siempre alegres de corazón y de ánimo! Pues el Padre santo y bondadoso siempre vela sobre vosotros y cuida vuestro bienestar y la salvación de vuestras almas. El Padre, sin embargo, está en mí como Yo siempre y eternamente estoy en Él, y os aseguro que jamás os dejaré huérfanos hasta el fin de los tiempos de esta tierra. En verdad os digo: Quien me ama verdaderamente y cumple mis mandamientos, a este vendré y Yo mismo me manifestaré a él, Y cada cual podrá convencerse que no está huérfano en el mundo. ¡A quien así me manifieste, que lo participe también a sus hermanos para que sean consolados y fortificados!
Quien con agrado fortifica a los débiles, consuela los afligidos y ayuda a los enfermos, podrá contar con el premio décuplo. de Vida que Yo le daré. ¡ De esto podréis estar siempre y enteramente seguros!
Para más información de las obras de Jacob Lorber, visite su página web:
|