El juicio que espera en el más allá a los de corazón duro
¡Recoged siempre tesoros que ni las polillas ni el orín puedan estropear! ¡Guardaos de los bienes y tesoros de este mundo, pues en ellos ya se encuentra el espíritu malicioso de la tentación a todos los pecados! Si oráis a Dios, diciendo en Vuestro corazón: "Querido Padre que estás en los cielos no nos dejes caer en la tentación", entonces decid, pensad y desead que no os provea de muchos bienes y tesoros terrenales sino pedidle el pan Cotidiano y Él, que sabe mejor que vosotros lo que necesitáis, no os lo escatimará.
Si según mi doctrina amáis a Dios sobre todas las Cosas y por ello os amáis mutuamente como cada cual a sí mismo, no tendréis que quejaros de miseria ninguna porque la pobreza entre los hombres en esta tierra se origina únicamente por la falta de amor mutuo. Si un hombre provisto abundantemente de todos los tesoros terrenales ve a su pobre prójimo, y como no sufre miseria alguna se
dice: "Estoy bien abastecido, ¿qué me importan los demás? ¡Que cada cual cuide de sí mismo y no tendrá que padecer miseria!"
Yo diré a tal hombre en el más allá: "¿Por qué cuidaste sólo de ti, más de lo debido, y quitaste a los pobres lo que les pertenecía de mi parte? Por ello quedarás abandonado en mi reino y tendrás que tolerar toda pobreza y miseria."
La semilla del reconocimiento verdadero de Dios y de la fe viva en Él es ante todo el amor hacia el prójimo, y con él el amor puro a Dios.
Pero quien tiene el corazón tan duro que no puede amar a su pobre prójimo visible, ¿cómo, en su ceguera obstinada, podrá amar
a Dios a quien ni siquiera puede ver?»
Habló el jefe al ángel Rafael: «Entre otras cosas has dicho que desde hace mucho tiempo eres ciudadano del más allá. De ello hemos de deducir que también alguna vez viviste en esta tierra como hombre de carne y hueso.»
Respondió Rafael: «Por cierto que sí, pero mucho antes de Noé. Mi nombre era "Enoc".» El Señor: «Si habéis agraviado a alguien, ¡reparadlo si es posible; en caso contrario haced bien a los pobres y con ello recogeréis tesoros para la vida futura en mi eterno reino de los cielos! En esto consiste mi doctrina para vosotros, hombres, que también contiene las enseñanzas dadas a Moisés y a todos los. profetas. Si las cumplís en los hechos seréis también discípulos míos justos, y en el espíritu del poder de mi amor tomaré habitación en vuestros corazones, y os guiaré en toda sabiduría y os daré la vida eterna; pues únicamente Yo soy la Luz, el Camino y la Vida.»
Para más información de las obras de Jacob Lorber, visite su página web:
|