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Diferencias entre la tierra de los Angeles y la de los Hombres

Dijo el romano: «Eso lo comprendo bien, pero vosotros espíritus poderosos, que estáis ahora aquí, y cuya existencia evidentemente es más verdadera que la nuestra, ¿porqué no os mostráis con más frecuencia para enseñarnos y consolarnos? Ahora os hemos visto y cuando lo contemos a nuestros semejantes, unos nos creerán pero otros nos tomarán por necios o ilusos. ¿No sería bueno que uno u otro de vosotros se apareciese y respaldara nuestras afirmaciones?

Dijo el ángel: «Siempre cumplimos meticulosamente la voluntad del Señor; sólo lo que Él quiere es bueno. Si fuese necesario para la salvación de las almas encarnadas de esta tierra, estaríamos siempre visibles entre ellas. Como no es el caso, sólo podemos guiar a los hombres invisiblemente para que su libre albedrío no sea limitado. Pues nadie puede existir en presencia de Dios, si no ha pasado antes un tiempo en la carne, superando la prueba de una vida libre e independiente, completamente aislada de nosotros los ángeles.

Así lo requieren el amor, la sabiduría y la voluntad de Dios, y todo debe ocurrir, existir y ser así; si no fuera de esta manera todo sería una nada completa. Si vosotros los hombres, desde ahora vivís y obráis según la voluntad del Señor, entonces, después de desencarnaros, seréis idénticos a nosotros; pues también nosotros fuimos en algún cuerpo celeste lo que vosotros sois ahora. No obstante, hasta el hombre más insignificante de esta tierra es ya desde la cuna mucho más importante que nosotros en toda nuestra grandeza, sabiduría y poder; porque los hombres justos de esta tierra son hijos del puro y eterno amor de Dios, aunque aún así la suma sabiduría y el sumo poder de ellos tienen todavía que desarrollarse libremente conforme aumenta su amor a Dios, su verdadero Padre.

Nosotros, como criaturas, hemos surgido de su sabiduría; por eso tenemos que desarrollar en nosotros nuestro amor a Dios a partir de nuestra gran sabiduría, lo que resulta incomparablemente más difícil que descubrir en sí mismo la suma sabiduría y el sumo poder partiendo del amor a Dios. Porque vosotros los hombres de esta tierra sois engendrados del amor para con Dios, es decir que vosotros mismos sois el amor en Dios. Nosotros, los seres de la sabiduría, no debemos perturbar vuestro desenvolvimiento libre mientras estéis en la tierra.

Ahora, hermano mío terrestre, comprenderás mejor por qué nosotros los ángeles de Dios no debemos rodearos visiblemente. Sólo podemos despertar de modo suave e inadvertido la sabiduría y el poder latentes en vuestro amor divino, pero nunca debemos insuflaros ni una chispa de nuestra sabiduría verdadera, pues esto no despertaría la vuestra sino sólo la aplastaría. Si hubierais nacidos en el mundo en el que nos encarnamos en otro tiempo, ya tendríais en él toda la sabiduría necesaria y no necesitaríais otra enseñanza sino la imprescindible para descubrir el amor de Dios en la luz de vuestra gran sabiduría.

¡Mirad el reino animal de vuestra tierra! También los animales son criaturas de la sabiduría de Dios; por ello no necesitan enseñanza alguna con la que aprender afanosamente lo que han de hacer según su capacidad o instinto, sino que ya traen y poseen todo desde su nacimiento. Al respecto son artistas perfectos a su modo. ¿Quién ha enseñado a la abeja la herbicultura, mostrándole dónde se halla la miel en el cáliz de la flor? ¿Quién la enseñó cómo construir la celdilla y a producir del rocío de la flor la miel aromática en su estómago? ¿Dónde ha aprendido la araña a producir hilos y a entretejerlos, construyendo una red muy útil? Los animales tienen todo esto de la sabiduría de Dios, cuyo producto son. En su existencia como tales sus habilidades son perfectas, pero no consiguen adquirir otras facultades porque les faltan casi por completo el amor y el libre albedrío.

Aunque también hay animales a los que ya se han agregado ciertos síntomas de amor elevado. Tales animales son aptos para recibir de los hombres una enseñanza complementaria y pueden ser adiestrados para realizar algunas actividades. Cuanto mayor amor existe en ciertos animales -como en el perro y en algunas aves tanto mayores facultades tienen para ser educados en ciertas actividades diferentes.

En grado máximo éste es el caso de las criaturas humanas de otros cuerpos celestes, porque nacen con todas facultades imaginables y no necesitan aprendizaje. Como el amor en ellas se desenvuelve paulatinamente como producto de la sabiduría, poseen escuelas donde se les enseña el camino del desarrollo y cómo, desde nada más que la pura sabiduría, se puede llegar al libre amor y al libre albedrío. Habiendo alcanzado esta criatura su meta con mucho afán y esfuerzo, será capaz de aproximarse a Dios y a sus hijos en esta tierra.

Por lo dicho comprenderás más claramente por qué vosotros, los verdaderos hombres de esta tierra, no podéis estar en constante contacto visible y palpable con nosotros mientras se desarrolla vuestra sabiduría. En resumen: vuestra tarea en la vida es buscar y desarrollar la sabiduría del amor, y la nuestra fue la de buscar y desarrollar el amor de Dios de la sabiduría.

La gran diferencia, inconcebible, consiste en que vosotros, los hombres de esta tierra, podréis volveros iguales a Dios. Sin embargo nosotros nunca, salvo si nos encarnásemos de nuevo en esta tierra, de lo que hasta ahora verdaderamente no tenemos muchas ganas. Estamos contentos con nuestra suerte y gustosamente renunciamos a una vida superior.

Quien puede llegar a ser un hijo perfecto de Dios para lo cual se necesita mucho será infinitamente dichoso; sin embargo, también nosotros estamos enteramente satisfechos con nuestro destino y no necesitamos categoría más alta y mayor.

Entre estas innumerables multitudes todavía visibles por corto tiempo se encuentran algunos verdaderos hijos de Dios; pero vosotros, ahora enseñados y guiados por el altísimo de la eternidad, tendréis ventajas indeciblemente mejores. Pues no es lo mismo ser hijo de la casa que siervo de la misma. A los hijos les pertenece todo lo que posee el Padre, a los siervos sólo lo que el amo les quiere dar.

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1. Naturaleza del Señor, la divina y la humana

2.  El camino para conocer y amar a Dios

3. Naturaleza y efecto del amor

4. La actuación humana depende de la gracia divina

5. Profecía del gran juicio del tiempo actual

6. Diferencia entre la tierra de los ángeles y la de los hombres

7. La nueva estrella y la nueva Jerusalén.
Condiciones para la vida eterna.

8. La renuncia al mundo

9. La dirección divina de los hombres

10. La naturaleza de Dios. La vida del alma en el más allá

11. La segunda creación de Dios

12. El camino verdadero hacia Dios

13. El camino para la perfección de la vida

14. El Destino del Hombre
15. La ociosidad como mal mayor
16. La impotencia humana
17. Jesús, hijo de Dios
18. Dios prueba a quienes ama
19. La segunda venida del Señor
20. Si no os hiciereis como niños, no entraréis en el reino de los cielos
21. La verdad
22. Enseñanzas del Señor sobre "comer su carne y beber su sangre"
23. Guía de las almas humanas hacia el perfeccionamiento

24. El juicio que espera en el más allá a los de Corazón duro

25. El Significado del amor
26. Finalidad de las enfermedades
27. ¿ Quién es mi prójimo?

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