La renuncia al mundo
Preguntó al Señor un fariseo disfrazado y anteriormente incrédulo, si también a los fariseos les era posible hacerse discípulos suyos. Contestó el Señor: «Sí, también vosotros, los fariseos, podéis haceros discípulos míos, pero no tan fácilmente como pensáis.
Quien quiera hacerse discípulo mío tendrá que romper enteramente con el mundo y renunciar a sus pompas, atractivos y tentaciones, porque el mundo es juicio constante y muerte perpetua. Quien ama el mundo no es ni capaz ni apropiado para transformarse en cabal discípulo mío, pues el amor a las cosas materiales no produce la vida sino sólo juicio y muerte. No necesito discípulos muertos, sólo libres, vivos. Si tal es vuestro caso podéis quedaros conmigo.
No vine a esta tierra a juzgar a los ciegos y a los cortos de vista, sino a buscar lo perdido, a curar los enfermos, a levantar los humillados y a salvar los cautivos. A quien ayudo será ayudado eternamente; sin embargo, quien no quiere aceptar mi ayuda, no podrá ser socorrido por nadie ni en el cielo ni en la tierra.
No me refiero a mi persona sino a mi doctrina; sólo ella representa el reino de Dios que se ha acercado a vosotros y dará la vida eterna a todo el que la aplique. En verdad os digo: Yo no condeno a nadie, pero, al igual que la verdad juzga y mata la mentira, os juzgara el Verbo que dirijo hacia vosotros.
Para más información de las obras de Jacob Lorber, visite su página web:
|