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Prefacio

  En todas las épocas hubo hombres puros y devotos que han sido la voz del Espíritu Divino en sus corazones.

   Todos conocemos los diversos pasajes del Antiguo Testamento, cuando el profeta habla: «y la palabra de Jehová vino a...».

  ¿Sería imaginable que esta unión íntima entre Dios y el hombre, como nos fue relatado por Moisés, Samuel, Isaías, y otros profetas e iluminados, ya no fuese posible en nuestra época?

  ¿No es Dios, el Señor, el mismo desde los tiempos primordiales y no son los hombres de hoy de la misma índole que los de antaño?

   Sería totalmente ilógico admitir que Dios solo hubiese hablado con Moisés y los profetas y nunca, antes o después, con otros hijos suyos, y que la Biblia encerrase en forma integral todas las revelaciones.

   Sabemos a través de fuentes antiguas y auténticas que la voz interior, como medio para la revelación divina, ya iluminaba, antes de Moisés, a los «Hijos del Alto», como por ejemplo a Uniese, y que también, después de los apóstoles, la voz interior recreaba a aquellos que la buscaban con anhelo. El conocimiento de la voz interior se proyecta como un hilo luminoso de la cristiandad. Padres de la Iglesia como Jerónimo y Agustín, al igual que los místicos de la Edad Media como Bernardo de Clairvaux, Tauler, Suso y Tomas Kempis, ya confirmaron la importancia de la revelación interior para el hombre. También muchos santos de la Iglesia católica, después Jakob Bohme y más tarde el visionario nórdico Emanuel Swedenborg, recibieron revelaciones por medio de la voz interior.

   Jesús mismo, Verbo Vivo de Dios, prometió: «Quién tiene mis mandamientos y los guarda es el que me ama; y el que me ama, será amado de mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él». Y después, «Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, os enseñará todas las cosas, y os recordará todas las cosas que Yo como Jesús durante mis días en la Tierra os he dicho»(Jn 14,21-26).

   Este flujo espiritual de la voz interior no podía impedir que la gran dádiva de luz enviada en Jesús a los hombres por el Padre fuese obscurecida en el curso de los siglos, y, por el amor propio de la humanidad, poco a poco, casi fuese exterminada.
 
   Como la mayoría de los hombres no se dejaba guiar por el
espíritu divino, prefiriendo seguir sus tendencias egoístas y arbitrarias, cada vez se manifestaban más las sombras de una noche espiritual, tanto, que la apostasía completa de la fe y del amor a Dios a pesar de la Biblia y de la Iglesia- exigía para nuestra época una nueva y gran revelación de la voluntad y del amor divino.

   Previniendo la evolución desastrosa del mundo, como consecuencia de las guerras mundiales, el Padre de la Luz transmitió esta gran Nueva Revelación en el curso del siglo último a diversos pueblos de la Tierra, a través de nuevos profetas e iluminados, predicando de nuevo la antigua y verdadera doctrina de Jesucristo: la Religión del Amor.

   La revelación más extensa e importante fue transmitida, durante los años 1840 a 1864, en idioma alemán, a un hombre simple y de alma pura llamado Jakob Lorber, quien por la voz interior recibió comunicaciones inmensamente profundas sobre la Divinidad, la Creación, el Plan de la Salvación y el Camino para la Vida Eterna.

   Jakob Lorber era hijo de un vinicultor estirio, que también
desempeñaba el oficio de director de orquesta de una sociedad musical. La madre de Jakob Lorber era una mujer piadosa, práctica e inteligente, que sentía un gran amor por su hijo primogénito. Ya desde su juventud, Jakob Lorber mostraba buenos dones espirituales, aunque poseía otros talentos. Estudió para cura, pero después de terminar sus estudios se dedicó a la música, su ocupación favorita.
A los cuarenta años le ofrecieron el puesto de maestro de orquesta en Trieste.
  
   Cuando Lorber ya hacía sus preparativos para partir, ocurrió de modo súbito e inesperado un acontecimiento que dio un cambio decisivo a su vida y a su obra.

   En la madrugada del 15 de marzo de 1840, Jakob Lorber recibió una orden divina mediante un llamamiento verdaderamente profético. Como al vidente de Patmos (Juan evangelista), también una voz interior le mandó escribir: «¡Coge tu lápiz y escribe!»

   Y escribió las primeras palabras que le dictaba la voz misteriosa:

«Así habla el Señor para cualquier hombre, y esto es verdadero, fiel y seguro: Quien quiera hablar conmigo que venga a Mí y Yo le pondré la respuesta en su corazón. Sin embargo, sólo los puros, cuyo corazón está lleno de humildad, percibirán mi voz. Y quien me prefiera que a todo el mundo y me ame como una novia tierna y dulce ama a su amado, con éste iré del brazo. Siempre me mirará como un hermano a otro hermano y como Yo le miré desde la eternidad, incluso antes de que él existiese».
 
   A partir de este llamamiento, Jakob Lorber lo posponía todo a la orden divina que había recibido. Desde ese mismo momento, humilde y retirado, se convirtió en el «servidor escribiente de Dios».

   Su biógrafo, Karl Gottfried Ritter von Leitner, relata lo siguiente:

«Casi cada día, Lorber comenzaba a escribir antes del desayuno. Sentado en una mesita, en invierno, al lado de la estufa, totalmente ensimismado y absorto, guiaba el lápiz ininterrumpidamente, con moderada agilidad, sin hacer pausa alguna para reflexionar o corregir un pasaje que acababa de escribir. Frecuentemente decía que al percibir la voz inspirada, también podía imaginar lo que había oído».

En 1858, el mismo Lorber escribió a un amigo:
«Referente a cómo se percibe la palabra interior, no puedo decir mucho. salvo que siempre percibo la palabra santísima del Señor en la región del corazón. como un pensamiento sumamente claro y limpio. como palabras pronunciadas. Aunque alguien estuviese muy cerca de mí. no podría percibir ninguna voz. Sin embargo, a mí esta voz de gracia me suena con más claridad que cualquier tono alto musical».

De este modo. Jakob Lorber escribió cerca de veinticinco voluminosos tomos durante su vida. Las principales obras son: El gran Evangelio de San Juan. El orden de Dios, La tierra y la luna. Saturno. El sol natural, El sol espiritual, La infancia de Jesús, Los tres días en el Templo, Obispo Martín, Robert Blum (Del infierno al cielo), Correspondencia entre Jesus y Abgarus.

   La principal obra de Jakob Lorber y la culminación de toda la revelación es el Gran Evangelio de San Juan, de once tomos.

   Este libro contiene sermones, amonestaciones y consejos para la vida. pronunciados por el Señor, los ángeles y otros personajes de aquel tiempo, así como algunos acontecimientos notables e interesantes, seleccionados de los primeros cinco tomos de la obra importantísima arriba mencionada.Deseamos vivamente que el estimado lector no sólo saque buen provecho de este libro sino que también sea generosamente bendecido por esta Luz venida del Cielo.

(El Señor) Quien hasta el fin persiste fiel y firmemente en la
fe y en el amor como Yo os lo enseño, será bienaventurado
en mi Reino Eterno en los Cielos» «Si ya queréis despertar vuestros corazones para conmigo y entregaros ante mí en humildad verdadera, entonces entrad en el templo amplio de mi Creación y el sol, la luna y las estrellas, el mar, las montañas, los árboles y los pájaros en el aire, los peces en el agua y las flores en los campos os anunciarán mi honor».

Para más información de las obras de Jacob Lorber, visite su página web:

 

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1. Prefacio

2. El culto verdadero a Dios

3. La confianza verdadera en Dios

4. El motivo de la Encarnación del Señor. La Salvación

5. La adopción perfecta de ser Hijo de Dios

6. El amor al señor

7. La regeneración del corazón por el Hombre mismo

8. Los fenómenos naturales y su analogía espiritual

9. Advertencias para la misión. La verdad es la espada del
amor. «Mi Reino no es de este mundo. No temáis a los
hombres sino únicamente a Dios

10. Advertencia contra las trampas del Satanás. El espíritu malo
solamente puede influir en los sentidos. pero no en la voluntad del alma. Consejos para la vida. llenos de consuelo

11. El Señor explica el daño que causa la fornicación en este
mundo y en el otro. Los placeres voluptuosos son artificios
del demonio

12. El discurso claro del Señor sobre el Reino de Dios y la misión del Mesías

13. Un orden justo siempre es bueno y útil. La omnisciencia de
Dios. Cómo son guiados los hombres. El ángel custodio o de
la guarda. Dios es amor. La relación entre Dios. como amor
puro. y los hombres

14. Jarah ve a los cielos abiertos
15. El Señor concede fuerzas al hombre para luchar
16. El don divino: la voz de la conciencia
17. En busca de Dios
18. El estar unido con el Señor
19. El destino del hombre
20. La lengua del corazon
21. La conciencia y la influencia de los ángeles
22. Las almas en la tierra
23. el valor de las obras

24. El Renacimiento

25. La ayuda de la gracia divina
26. Mesias y la salvación
27. La finalidad de la cruxificción de nuestro Señor

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