Vino pues Jesús otra vez a Caná de Galilea, donde de agua había hecho vino (Jn. 4.46).
Yo pregunté a los habitantes si no había enfermos en este pueblo, pero me contestaron que afortunadamente no había ni un solo enfermo en todo el pueblo.
Pero Yo les dije: «Bien es verdad que estáis sanos de cuerpo pero no de alma. pues quien fornica está muy enferrno en su alma. Debido a este pecado. el corazón del pecador se hace más duro de día en día, más impasible e implacable para con el prójimo, y finalmente solo se ama a sí mismo y al objeto con el que puede fornicar. más no a causa del objeto mismo sino de la voluptuosidad. Tal corazón rehuye la palabra divina, que le desaconseja y persuade de su concupiscencia, y por ende se hará incluso enemigo de los que retienen la palabra de Dios en el corazón y viven según ella. Muchos de vosotros padecéis esta enfermedad tan perniciosa, y Yo he venido otra vez a vosotros para curaros de esta enfermedad mortal. Quien entre vosotros sepa que está acatado de esta enfermedad, que confíe en mí y Yo le curaré.
Al anunciar Yo tal consejo, una muchedumbre abandonó la casa, pues a los culpables o pecadores les asaltó un miedo enorme a que Yo les traicionara públicamente. Ya si huyeron presurosos. Entre ellos también había algunos adúlteros e incestuosos, y muchos de ambos sexos que se masturbaban.
Por fin estaban contentos de encontrarse lejos de mis ojos. Muchos de los perversos no huían por no ser curados de tal vicio sino a causa de la deshonra.
Dije Yo; «¡Dejemos que se vayan esos necios ciegos! Ante los hombres tienen vergüenza, pero no delante de Dios, que siempre mira y examina las intenciones de los hombres. Yo os digo a todos vosotros: esta vergüenza mundana es vanidad.
¿Cuánto tiempo de vida les queda en este mundo? Pronto se les va a tomar el cuerpo, cuya carne les ha proporcionado tantas horas dulces.
En verdad os digo a todos vosotros: voluptuosos, fornicadores y rameras no entraran en el Reino de Dios, salvo que transformen radicalmente sus pésimas costumbres.
¡Mirad! Todos los demás pecados los comete el hombre fuera de su cuerpo y por eso le es más fácil enmendarlos, pues lo que ocurre fuera del cuerpo no perderá tanto al hombre como lo que se hace en su interior; pero la fornicación se efectúa en el interior del hombre, perjudica por tanto al alma y al espíritu y es por ello el mal más peligroso de todos los males. Por tal razón, ¡evitadlo y huid de él como si fuese la peste! La voluptuosidad es el extravío del diablo.
¡Ay de los que han sido atrapados por el diablo! A estos pecadores les resultará muy difícil soltarse de sus garras. Disgustos, sufrimientos y penas indecibles serán su destino.
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