Por vuestras obras y hechos se conoce que todos vosotros sois mis discípulos.
Es más fácil predicar que hacer el bien. ¿De qué sirve la palabra vacía si no recibe vida por el hecho? ¿De qué te sirven los pensamientos e ideas más hermosos si no eres capaz de realizarlos? Las palabras más bellas y verdaderas no sirven para nada si no tienes la voluntad de ponerlas en obra.
Únicamente la obra tiene valor; pensamientos, ideas y palabras carecen de valor si no se hacen. Por tal motivo, quien predica el bien debe también obrar bien, de lo contrario su sermón será como un fruto vano»
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