«Vine a este mundo para mostraros el retorno justo a mi orden y el camino correcto por el que obtendréis el renacimiento del espíritu en el alma. Una vez alcanzada esta meta, no hay posibilidad de recaer.
Tenéis que empezar esta tarea, porque aquellos de entre vosotros que se hallan en un camino equivocado no tendrán beneficio alguno con sólo retornar a la verdad de su alma remendada. Antes de obtener el renacimiento del espíritu en el alma, ésta ha de cambiar enteramente, porque su situación corregida no es duradera, pues tan pronto como se manifiestan oportunidades tentadoras, fácilmente recae en sus errores anteriores a causa del poder del mundo y sus ventajas temporales.
Para evitarlo he preparado ahora el camino nuevo de tal manera que mi espíritu depositado por mí como centella de mi amor paternal en el corazón de cada alma, alimentada por vuestro amor para conmigo y de ahí verdadera y activamente para con vuestros prójimo crezca en vuestra alma y, tras alcanzar el tamaño y la fuerza justos, se una enteramente con
el alma modificada y purificada. Este acto debe ser llamado el renacimiento del espíritu.
Quien ha alcanzado este renacimiento se halla en posición más elevada que un alma por más perfecta que sea; aunque estas últimas consigan muchas cosas, todavía están muy lejos de poder hacer las que le son reservadas al espíritu renacido enteramente.
Esta centella de mi amor se pone en el corazón de un alma humana sólo después de que el hombre ha oído mi palabra y la ha aceptado en su alma por amor a la verdad y a la fe.
Mientras así no ocurra, nadie podrá obtener el renacimiento del espíritu por más perfecta que sea su alma. Sin mi palabra dirigida ahora a vosotros, la centella de mi amor no penetra en el corazón de vuestra alma, no puede germinar, ni crecer, ni tampoco renacer.
En lo sucesivo también las criaturas recibirán la centella de mi amor en el corazón de su alma, si son bautizadas en mi nombre; sin embargo, ésta centella no crecerá con una educación errónea, sino sólo con aquella que se basa en mi orden claramente demostrado. En primer lugar, dentro de las facultades de cada uno, se debe cuidar y formar el sentimiento y después el intelecto. Sin embargo el sentimiento se forma por el amor verdadero, por la afabilidad y la paciencia.
Enseñad muy temprano a vuestros hijitos a amar al Padre en el Cielo. Mostradles lo bueno y amoroso que es, que todo lo que existe lo ha creado Él de la manera más maravillosa, útil y sabia, y que Él se dedica en particular a las criaturas que le aman sobre todas las cosas. Llamadles la atención en cada oportunidad que tengáis sobre lo que el Padre celestial ordena y permite, y dirigiréis los corazones de vuestros hijitos hacia mí, y mi amor en ellos crecerá pronto. Educad a vuestras niños de esta manera y ese pequeño esfuerzo os traerá frutos dorados.
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