El Mesias y la salvación
El Señor: «La pereza o la tendencia creciente a la ociosidad y holgazanería es el comienzo de todos los vicios, y esta actitud del alma humana es exactamente el espíritu malísimo al que la Escritura llama «Satanás». En esto consiste el mal original que padecen todos los hombres y del cual nadie puede librarles sino un Mesías, venido del Cielo, lleno de la vida y de la actividad más sublime.
Todos los sabios de la Tierra han descubierto y reconocido que hay un mal original entre los hombres, pero en qué consiste y cómo vencerlo no han podido averiguarlo. He aquí la tarea del Mesías: salvar eternamente por medio de enseñanzas y hechos a los hombres de este mal, cuyo fruto es la muerte del alma.
Sin embargo, la salvación no será verdadera ni eficiente para el hombre si éste no aplica exacta y fielmente los recursos indicados, de lo contrario continuará siendo el mismo hombre malo que ha sido antes de la llegada del Mesías; pues el Mesías venido de los Cielos no liberará a nadie de su mal o pecado original sino sólo a quien viva exactamente como lo prescribe su doctrina. ¡Que nadie espere un efecto maravilloso o mágico para la salvación del conocido pecado original!
Verdad es que el Mesías, en testimonio de lo que Él es, va a realizar grandes hechos maravillosos; pero estos milagros no serán en beneficio ni en provecho de un alma propiamente dicha, sino que sólo servirán para despertar la fe y estimular al alma para que sea activa según la Doctrina dada. Conforme a ello, el Mesías semeja a un patrón rico y bueno que prepara un gran banquete y envía a sus criados y servidores a todos los lugares, caminos, calles y callejones para invitar amablemente a participar en el gran convite a todas las personas que encuentren. De la boca de los enviados, su voz será oída por pobres y ricos, sencillos e importantes, débiles y fuertes, incapacitados y poderosos. Todos los que acudan quedarán saciados, mas los que no quieran venir no serán forzados a hacerlo. Si vienen o no lo mismo le da al patrón que convida, pero el beneficio del convite lo tendrán sólo quienes han aceptado la invitación.
El gran convite o banquete será la doctrina del Mesías. Quien la oye y la aplica será un participante justo en el gran banquete y recibirá bendición en abundancia; pero si alguien oye la doctrina sin ponerla en práctica, será como una mesa bien puesta para quien no come nada de los buenos platos, independientemente que sea convidado o no. Ahora ya sabes cómo es el Mesías»
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