Judas Iscariote, dirigiéndose al Señor: «Señor, tú resucitas muertos de las tumbas, y ellos viven. ¿Por qué haces perecer
mi corazón en la tumba del pecado? Quiero hacerme un hombre mejor y no puedo porque no soy capaz de modificar mi corazón. Señor mejora mi corazón y seré otro hombre»
Dije Yo: «En esto existe el misterio grande de la regeneración
del hombre. Puedo hacer todo al hombre y él queda hombre; pero el corazón al que el hombre debe transformar si quiere prepararse para la vida eterna le pertenece a él.
Si Yo modificara el corazón humano, el hombre perdería su independencia y se convertiría en una máquina. Sin embargo, si el hombre recibe la enseñanza de cómo formar su corazón para Dios, entonces debe modificar y reformar su corazón, siguiendo voluntariamente la enseñanza que ha recibido.
Al haber reformado y purificado adecuadamente su corazón, Yo entro en Espíritu en él y tomo morada en su interior; luego
todo el hombre está renacido espiritualmente y nunca podrá perderse por haber llegado a ser una cosa conmigo, como yo mismo soy una cosa con el Padre, del que Yo he salido, viniendo a este mundo para mostrar y allanar el camino a todos los hombres a fin de llegar a Dios en toda la plenitud de la Verdad».
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