Palabras del Señor durante la contemplación de la salida del sol: «Si veis una superficie de agua totalmente tranquila y el sol da en este espejo acuático, entonces el sol queda reflejado
con la misma majestad y verdad como lo veis en el cielo.
De la misma manera es necesaria un alma tranquila, que solo se consigue con abnegación, humildad, paciencia y amor puro,
para que la imagen de Dios se refleje tan pura y verdaderamente en el espíritu del hombre como el sol en una superficie acuática totalmente tranquila.
Cuando éste es el caso del hombre, todo se hace verdad para
él, capacitando su alma para observar las profundidades de la
Creación de Dios, en la abundancia de la verdad más pura.
Pero cuando se empieza a agitar algo en ella, las imágenes quedan destruidas y el alma se encuentra necesariamente en
el campo de engaños de toda clase y no puede obtener una contemplación pura hasta que entre nuevamente en ella la calma completa de Dios.
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