El Renacimiento Espiritual
Jacob Lorber

Para renovarnos en el espiritu necesitamos una orientación verídica, útil y confiable como la doctrina del Señor Jesucristo revelada a Jacob Lorber en estas selecciones y citas sacadas del libro El renacimiento espiritual encontraremos el camino verdadero a la luz del amor y la verdad.
La verdadera renovación la constituye el renacimiento espiritual, en donde el alma purificada se unifica con el propio espíritu de Dios en el hombre y se vuelve un ser maduro, lleno de amor, sabiduria y voluntad divina.
En la obra El Renacimiento espiritual se nos enseña la forma de lograr esta madurez sin entrar en ritos ni ceremonias que en muchos casos se han vuelto huecas. Solo necesitamos Amor a Dios, al prójimo y buscar la verdad en Jesucristo y un sincero deseo de superación interior.
La parte primordial lo representa el hecho que lograremos conocernos a nosotros mismo, y conocer qué organos espirituales existen en nuestro interior. Uno de ellos lo podemos ver a través de unas palabras del ángel Rafaél:
»Cada ser humano tiene en su corazón un órgano espiritual que está siempre abierto a nosotros, los ángeles de Dios, y al que podemos acceder en todo momento.
Este órgano es sensible a los conceptos sencillos como bueno o malo, verdadero o falso, justo o injusto.
Si siempre practicas lo bueno, lo verdadero y lo justo, entonces tocamos la parte afirmativa y buena, y en ti surge la sensación agradable de haber actuado y hablado de forma buena y justa.
Pero si en algún momento no has actuado o hablado bien, entonces tocamos la parte negativa de ese órgano, y te sobrevendrá un temor que te indicará que has salido del Orden divino.
Este órgano, en el lenguaje moral, se llama Conciencia.
El cuerpo del hombre no conoce de ninguna manera todo lo que está oculto en su interior; pues carece de visión para contemplar lo que hay dentro de él. Sin embargo el espíritu, que está en el interior del hombre, es el único que ve y sabe todo lo que hay adentro del mismo. Por eso que cada uno se esfuerce por alcanzar el verdadero renacimiento del espíritu; porque sin ello nadie podrá entrar en el Reino de Dios.
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