La voluptuosidad impide la evolución espiritual
El Señor a Agrícola: «Un buen matrimonio dotado de razón, sabiduría y abnegación no impide el renacimiento espiritual; sin embargo, la lujuria y la voluptuosidad lo impiden por completo. Así que ¡huidlas como a la peste! Los libertinos de ambos sexos, aunque luego vuelvan sobre sí y con gran abnegación empiecen entonces a llevar una vida casta, consiguiendo con una penitencia adecuada la plena remisión de sus pecados, difícilmente alcanzarán el renacimiento espiritual mientras todavía estén en esta Tierra.
O no lo alcanzan en manera alguna o sólo lograrán alcanzarlo parcialmente. Y es que al alma de estas personas les cuesta un gran esfuerzo librarse del peso de la carne para poder captar las advertencias del Espíritu necesarias a su salvación. Pueden llegar a ser muy buenas y sabias en la Tierra, y a realizar muchas buenas obras. Pero difícilmente poseerán la energía milagrosa en su plenitud. Esto sólo lo podrá lograr su alma en el Más Allá.
Tales almas son semejantes a un hombre que durante muchos años ha estado muy enfermo y que finalmente se curó gracias a una medicina verdaderamente buena. Lo que le pasa a ese hombre, que por falta de educación y ejercicio de músculos, nervios y tendones no puede llegar tan fácilmente a la plena fuerza vital de otro que desde siempre estuvo completamente sano, lo mismo le sucede a un alma que estuvo enferma durante mucho tiempo. Si desde un principio le falta la educación en el puro y verdadero Amor a Dios y, consecuentemente, también en la fe y la voluntad, más todavía le faltará el necesario ejercicio de estas tres virtudes, por lo que siempre se quedará atrás, pese a que la enfermedad ya esté curada del todo.
Aun así, más alegría reinará en los Cielos por la conversión plena de este pecador, que por noventa y nueve justos que nunca han precisado penitencia.
Para que el amor, la fe y la voluntad de un hombre lleguen a ser
verdaderamente activos, han de ser formados desde la juventud y a continuación hay que practicarlos. El que tenga hijos, que les enseñe y les forme desde la tierna infancia en estas tres virtudes: el puro Amor a Dios , la fe y la voluntad. Y así no les resultara tan difícil vencer el mundo dentro de si mismos.
|