La resurrección de la carne
El Señor a sus discípulos: «¡Por resurrección de la carne entended las buenas obras del verdadero amor al prójimo! Porque éstas serán la carne del alma que, después que suenen las trompetas verdaderas de esta enseñanza Mía, el día del juicio final resucitarán con ella a la vida eterna como cuerpo etéreo.
Aunque en la tierra hayáis llevado cientos de cuerpos, en el Más
Allá tendréis solamente este único cuerpo, de sustancia sutil, ya
descrito. "En tu carne verás a Dios" significa: En tus buenas obras según la Voluntad de Dios que has percibido, le verás a Él, porque las únicas obras que valen son aquellas que el alma realiza a través de su cuerpo físico, que le sirve de herramienta, y que honran al alma ante Dios... Obras puras producen lo puro y obras impuras lo impuro.
Sin obras de amor al prójimo, o con muy pocas, ni la forma de pensar más pura ni el comportamiento más puro o casto pueden proporcionar al alma un cuerpo espiritual, ni tampoco la percepción de Dios. Queridos amigos, el conocimiento y la fe, por puros que sean, no tienen muros consistentes que os puedan proteger contra las tormentas, pero sí las obras del verdadero amor al prójimo. Ellas son el verdadero todo en el de aquellos a quienes vais a predicar el Evangelio, después de Mí. Una vez que conozcan la Palabra de salvación y crean en ella, ¡exhortarles a que realicen las verdaderas obras del amor al prójimo que tantas veces he mandado!».
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