Dios como Padre de todas las eternidades
El Señor a Murel: «En mi Espíritu eterno soy vuestro Padre, ya
desde la eternidad. Pero en esta mi Carne, soy también para vosotros como un novio y vosotros sois mi novia amada, porque habéis aceptado mi Palabra y Enseñanza, y porque sentís de manera viva en vuestro corazón que Yo soy el Mesías prometido para redimir a todos los hombres del antiguo pecado, engendro del diablo, y para abrirles el camino hacia la vida eterna y la verdadera filiación divina.
En verdad os digo: El que cree en Mí y cumple efectivamente con mi Palabra, es para Mí como la novia de los Cielos y Yo soy para él como el verdadero Novio de la Vida eterna. Y quien esté en Mí y Yo en él, no verá, ni sentirá, ni palpará la muerte.
Aquel que cree en Mí y me ama, y que por ello cumple con mi mandamiento del puro Amor que es tan fácil, me reconoce en la plena luz de su corazón como el Padre. A él me acercaré y me manifestaré siempre, le instruiré y le guiaré, y fortaleceré su voluntad para que en caso de verdadera necesidad le obedezcan todos los elementos.
Los Míos no celebrarán grandes triunfos en el mundo. Pues pocos hombres de esta tierra son hijos míos, la mayoría son hijos del príncipe de la mentira, de la noche y de las tinieblas. Estos no aman mi Luz ni tampoco a aquellos que se la traen. Pero ¡que los Míos no padezcan por esto, porque para ellos está preparado el triunfo en mi Reino.»
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