La introspección (meditación)
El Señor: «No hay nada más beneficioso para el ,ser humano que, de vez en cuando, la propia contemplación interna. El que quiera examinarse a sí mismo y a sus fuerzas, deberá escrutar
frecuentemente su interior.
Relajaos en silencio y meditad vivamente sobre vuestras actividades y sobre la Voluntad de Dios, que os es bien conocida, y ved si la cumplisteis en las diversas fases de vuestra vida. Si penetráis en vosotros y os contempláis de esta manera, entonces dificultáis cada vez más a Satanás su influencia en vosotros. Pues no hay nada que este busque con más empeño que alejar al hombre de su contemplación interna mediante diversas fantasmagorías triviales.
Cuando, tras alguna práctica, el hombre haya alcanzado cierta
habilidad en contemplar su fuero interno, reconocerá allí con mucha facilidad las trampas que Satanás le ha puesto, pudiendo así desarmarlas y destruirlas fácilmente y tomar precauciones enérgicas contra todos los futuros ardides del enemigo.
Satanás lo sabe muy bien y por esto se dedica con empeño a distraer y ocupar el alma mediante diversas fantasmagorías externas y, estando al acecho y sin ser visto, le resulta muy fácil organizar una gran variedad de trampas para el alma, las cuales finalmente la enmarañarán de tal manera que ya no llegará a la introspección, con gran perjuicio para ella.
Así el alma queda cada vez más separada de su espíritu, al que ya no podrá despertar. Y esto es el inicio de la segunda muerte del hombre.
Ahora sabéis en qué consiste la introspección interna. Dedicaos a ella en silencio y no os dejéis perturbar por nada externo. Pues, Satanás no cejará en apartaros de ella mediante estímulos externos. Recordad entonces que Yo os lo predije y volved en seguida a vuestra introspección interior».
El Señor: «Ahora habéis aprendido una manera nueva mediante la cual el hombre puede convertirse poco a poco de lo material a lo puramente espiritual, y cómo en este camino se puede volver dueño de sí mismo y, en consecuencia, también de toda la naturaleza mundana y exterior. Por esto, de vez en cuando, practicadlo en mi nombre: alcanzaréis un gran dominio sobre vuestras pasiones y, como consecuencia, sobre toda la naturaleza mundana y, en el Más Allá, sobre toda criatura.
Pero no os penséis que así ya desbaratasteis a Satanás y su
malicia. Siempre que os dediquéis a tales ejercicios, él os atormentará hasta que llegue el día en que hayáis renacido por completo. Una vez renacidos por el espíritu, Satanás habrá perdido para siempre todo poder sobre vosotros. Y seréis sus jueces, así como también de todos aquellos que él arrebató para sí y que vosotros le volveréis a arrancar para siempre».
«Pues bien, guardemos ahora silencio para practicar una vez más la contemplación interior, que es la verdadera celebración del día del Señor». Después de estas palabras pronunciadas por Mí, todo quedó silencioso en la casa, y así estuvimos meditando durante tres horas. Al cabo de este tiempo continué: «Ya se ha consumado el descanso del día del Señor, y ahora también podemos dar a nuestro cuerpo el descanso merecido».
Enoc al rey Lamec: «No vayas al templo antes de la tarde y quédate en él por lo menos la décima parte de un día. No utilices ni tu lengua ni tus manos, sino permanece quieto y silencioso, esperando al Espíritu divino en toda humildad y en el amor de tu corazón.
Con una sensación viva dentro de ti, medita las siguientes palabras siguientes ante Dios: "Oh Padre santo y amoroso, ¡ten misericordia de mí, pobre pecador, y perdóname que me atreva a amarte con mi corazón impuro ya llamarte Padre, pues que soy un pecador empedernido!" Si lo haces de forma viva en tu interior, entonces siéntate en silencio y espera la Palabra del Señor y su Voluntad.
Cuanto Él llegue, ¡préstale toda tu atención y anótala en las tablas para anunciarla después al pueblo! Y si no llega, entonces honra también a Dios en tu corazón, sal respetuosamente del templo y vuelve a cerrarlo durante noventa y un días.
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