La contemplación espiritual del sol naciente: Sobre el
verdadero descanso en el corazón
El día del Señor.
El Señor a sus discípulos: «Imaginaos el sol espiritual de la manera siguiente: La luz que emana de él es recibida por la superficie ondulante del mar de vida creada. Este mar juega con la luz, la cual produce unas imágenes deformadas que, aunque todavía reflejen un resplandor amortiguado, destruyen todos los rastros de la forma original divina. Esto es lo que pasa con el paganismo y ahora también con el judaísmo, pues, son desfiguraciones de lo puramente divino.
Pero cuando veis una superficie de agua totalmente quieta y el sol brilla en ella, lo reflejará en toda su majestuosidad y verdad, tal como lo veis en el cielo. Por ello, para que el Semblante de Dios se refleje en el espíritu del hombre tan auténtica y limpiamente como el sol físico sobre una superficie de agua tranquila, hace falta un ánimo tranquilo, exento de pasiones, que sólo se puede obtener mediante una abnegación total, y la humildad, paciencia y amor puros.
Si esto es el caso de un ser humano, entonces todo en él se ha vuelto verdad y su alma es capaz de dirigir su mirada a las profundidades de la Creación de Dios, para percibir la verdad más pura en toda plenitud. Pero si en el alma empiezan a levantarse olas, entonces las imágenes originales se alterarán porque nuevamente se encuentra entre patrañas y engaños de toda clase, sin poder volver a ver nítidamente el semblante de Dios hasta que no se haya restablecido en el alma la tranquilidad total en Dios.
Este es el verdadero descanso en el día del Señor, y por eso es por lo que Dios ha mandado santificarlo como día festivo. Ese día el hombre debe evitar cualquier trabajo duro porque este obliga al alma a prestar sus fuerzas al cuerpo físico.
Con ello el alma se excita también, lo que causa un fuerte oleaje en la superficie de su mar de vida que le impide reconocer claramente la pura Verdad divina en ella. El verdadero descanso del día del Señor consiste por lo tanto en un descanso razonable, exento de todo trabajo duro, que no se debe llevar a cabo sin necesidad. Sin embargo todo ser humano está obligado a ayudar al hermano necesitado...
Y mejor que abstenerse de cualquier trabajo duro es alejar cualquier pasión del alma. Pues las pasiones son tormentas del alma que agitan su mar de vida, destruyendo también el Semblante de Dios en ella, tal como la imagen del sol se deforma en las olas del mar.
Cierto es que el reflejo del sol todavía envía una imagen desde las olas, ¡pero totalmente deformada! Y si la tormenta dura más tiempo, pronto subirán desde el mar los pesados vapores del agua, llenando el cielo del alma con nubes negras. Y estas impedirán por completo que la luz del sol espiritual llegue a las aguas de vida del alma, que se oscurecerá sin poder distinguir ya lo verdadero de lo falso, y tomará la luz fantasmagórica del infierno por una luz celestial.
Un alma así está ya prácticamente perdida. Tendrían que soplar vientos muy fuertes, es decir, tendrían que venir desde arriba pruebas muy duras, para que rompan las nubes negras del alma y esta se retire rápidamente a la tranquilidad, procurando así tranquilizar las olas de su mar de vida. De lo contrario ya no habrá salvación para ella...
Este es el sentido espiritual, válido para todos, que nos enseña el maravilloso sol naciente en su manifestación natural. Quien quiera observarlo en sí mismo, permanecerá en la Verdad y en la plena Luz, y tendrá la vida eterna. Pero el que desecha esta enseñanza sin tenerla en consideración, sufrirá la muerte espiritual, eternamente.
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