Arrebatar el Reino de Dios
El Señor: «El cumplimiento cabal de la Voluntad de Dios, una vez que la hayáis conocido, es el verdadero Reino de Dios en vosotros. Sin embargo, cumplir su Voluntad no resulta tan fácil porque los hombres mundanos se oponen enérgicamente a ella y, además, persiguen a los verdaderos aspirantes al Reino de Dios.
Por eso, quien quiera participar en él, no debe temer a los que, en el peor de los casos, pueden matar al cuerpo físico pero no pueden dañar al alma. ¡Que el hombre tema más bien a Dios quien, dentro de su Orden eternamente invariable, puede expulsar el alma al infierno!
El Reino de Dios lo arrebata quien teme a Dios más que a los
hombres y cumple su Voluntad pese a la persecución a la que se
expone. Y quien procede así lo conseguirá sin duda; aunque todavía hace falta que el hombre se niegue el máximo posible en todas las cosas mundanas, que perdone de todo corazón a los que le insultan, que no tenga rencor ni ira contra nadie y rece por los que le maldicen, que haga el bien a los que le hacen mal y no se alce sobre nadie, que resista pacientemente las tentaciones que de vez en cuando le asaltan, y que se abstenga de la gula, la lujuria y el adulterio. Quien practica esa abnegación cabal, también arrebata el Reino de Dios para sí
mismo.
Quien reconoce a Dios, le honra y le ama sobre todas las cosas y al prójimo tanto como a sí mismo, pero al mismo tiempo también considera y teme el mundo, hasta no atreverse a confesar abiertamente mi nombre por creer que esto le puede causar perjuicios materiales, éste no arrebatará el Reino de Dios ni tampoco formará parte de él: en el Más Allá todavía le esperan muchas luchas hasta poder llegar a la perfección.
Quien ahora sabe y tiene fe en que Yo soy el Mesías prometido,
tendrá que cumplir lo que Yo enseño, he enseñado y enseñaré en el futuro; de lo contrario no me merece y no puede contar conmigo para que Yo le ayude mucho en la educación de su vida interior. Yo soy la vida del alma por mi Espíritu en ella, que es el amor a Dios. Así que el alma de quien ama a Dios sobre todas las cosas y por ello cumple su Voluntad, está llena de mi Espíritu.
Quien defiende mi nombre ante el mundo si hace falta, a él le defenderé también ante el Padre en el Cielo. Pero a quien no me
defiende ante el mundo, a él tampoco le defenderé ante el Padre en el Cielo, aunque le haga mucha falta».
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