La autodeterminación y el amor activo
El Arcángel Rafael a Matael: «Vosotros sabéis que cualquier hombre ha de educarse y formarse con total independencia de la voluntad todopoderosa de Dios. Para poder convertirse en un hijo de Dios totalmente libre, el hombre debe formarse y perfeccionarse conforme al Orden divino reconocido, pero eso a base de su albedrío absolutamente libre... El medio más poderoso y eficaz para ello es el amor a Dios, y en la misma medida al prójimo, un amor acompañado por la verdadera humildad, la mansedumbre y la paciencia, porque el verdadero amor no puede existir sin estos tres atributos, pues sin ellos no sería verdadero ni puro.
Pero ¿cómo puede el hombre comprobar si realmente se encuentra en el ámbito de ese amor puro según el Orden divino?
Que el hombre se examine cuando ve a un hermano o una hermana pobre, o cuando estos se acercan a él, pidiendo ayuda, ¡a ver si su corazón le empuja a dar con gusto, olvidándose totalmente de sí mismo. Si siente esto vivamente dentro de sí, entonces ya ha madurado como verdadero hijo de Dios. Y las promesas hechas a todo aquel que es hijo de Dios, empezarán a realizarse y se manifestarán maravillosamente en palabras y hechos; y así justificados, os presentaréis ante vuestros discípulos como maestros.
Sin embargo, aquellos discípulos en los que las promesas no se manifiestan, han de atribuirlo a sí mismos, pues aún no han abierto suficientemente su corazón a favor del prójimo pobre.
El amor a Dios y el libre cumplimento de su Voluntad, son el verdadero elemento de los Cielos en el corazón del hombre. Ésta es la morada del Espíritu divino en cada corazón humano, y el amor al prójimo es el portal para esta cámara sagrada. Este portal ha de estar completamente abierto para que la plenitud de la Vida de Dios pueda entrar en ella; y la humildad, mansedumbre y paciencia son las tres ventanas bien abiertas, por las cuales la Luz poderosa de los Cielos ilumina la cámara sagrada de Dios en el corazón del hombre, y la calienta con toda la plenitud de la Vida procedente de los Cielos.
Por lo tanto, todo depende del amor al prójimo que ha de ser libre, alegre y abierto; la mayor autonegación posible es la manifestación de las promesas mismas. He aquí la respuesta correcta a la pregunta más importante sobre la vida. Reflexionad sobre ella y actuad en consecuencia; así quedareis justificados ante vosotros mismos, ante vuestros hermanos y ante Dios. Pues, lo que el Señor mismo hace, también los hombres tendrán que hacerla; para volverse hijos suyos y para llegar a ser semejantes a Él».

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