La base fundamental de la enseñanza del Señor
El Señor a Suetal: «Tal como todo lo bueno ha de ser amado por ser bueno y por ello verdadero, también Dios quiere ser amado porque sólo Él es bueno y verdadero del todo. Y a tu prójimo tienes que amarle de la misma manera porque él, igual que tú, es una imagen a semejanza de Dios, y lleva, igual que tú, un espíritu divino en sí. Ve, esto es la base fundamental de la nueva enseñanza. Y, mediante el cumplimiento más exacta posible de ella, el espíritu del hombre que desde el principio está vigorosamente encarcelado en él, se volverá cada vez más libre. El espíritu, continuamente creciendo y finalmente penetrando todo el hombre, absorbe la vida de este hombre y la incorpora a la suya propia, que es una vida en Dios, una vida que durará eternamente, en suma bienaventuranza.
Y todo hombre que de esta manera nazca de nuevo en este espíritu, no verá, sentirá ni palpará nunca la muerte, y la liberación de su carne será para él la mayor delicia. Pues el espíritu del hombre, ya completamente uno con su alma, se parece a un hombre encarcelado en una fuerte prisión por cuyo pequeño tragaluz puede mirar a los maravillosos parajes de la tierra y ver cómo los hombres libres se complacen allí con sus diferentes ocupaciones útiles, mientras que él ha de padecer todavía en la cárcel. Pero, ¡qué alegría cuando llegue el carcelero, diciéndole: "Amigo, estás liberado de cualquier otro castigo, ¡ve y disfruta de tu plena libertad!"
El espíritu del hombre se parece también al fruto vital de un pájaro, al embrión en su huevo: En cuanto haya madurado por el calor de la incubación dentro de la envoltura que le encierra, romperá la cáscara y disfrutará su libertad.
El hombre sólo puede alcanzar esto si cumple exacta y sinceramente con la enseñanza que el Salvador de Nazaret está dando ahora a los hombres. Cuanto más progresa el espíritu del hombre en el :Proceso del renacimiento, tantas más nuevas facultades y perfecciones les serán concedidas, perfecciones cuya existencia el hombre material nunca hubiera podido imaginarse. El espíritu perfeccionado en el hombre es entonces una fuerza similar a la divina. Y lo que este desea sucederá porque en todas las infinidades de Dios no pueden existir fuerzas o poderes fuera de la fuerza vital del espíritu. Pues, unicamente la verdadera Vida es el señor y creador, mantenedor, legislador y conductor de todas las criaturas, y por ello todo ha de someterse al poder del Único Espíritu eternamente vivo».

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