De la enseñanza del Señor sobre el alma:
e)Los dos principios en el hombre: materia y espiritu
El Señor: «Ya se ha explicado en otras ocasiones que Adán -como primer hombre dotado de la plena libertad del espíritu- fue creado en esta tierra para constituir una forma a partir de la cual la materia pudiera volver a la vida espiritual libre. Para ello hacía falta sobre todo la superación de la materia misma, es decir, había que crear por libre decisión un estado que por un lado presentara el logro de haber vencido todas las tendencias viles y apetencias mundanas, para que por otro lado se estableciera la posibilidad de un ascenso totalmente libre hacia la vida espiritual más pura.
Ya se os ha dicho muchas veces que el alma humana se desarrolla desde unas particulas ínfimas hasta que finalmente llege a la forma que ya no permite un desarrollo ulterior en el ámbito material, aunque sí en el espiritual. Por ello hay dos principios en el hombre: el fin de la vida material que ha alcanzado una consciencia muy pronunciada de sí misma. y el principio de una vida sin más transmutaciones anímicas porque estas han llegado a la perfección máxima de las formas. Por eso el hombre, en esta esquina que es la vida terrena, no puede negar ante su consciencia el hecho que vive pues él mismo es la prueba palpablé. Pero puede suceder que no tenga idea alguna de haber llegado al umbral de una vida espiritual que comienza, una vida espiritual en la forma humana inmutable. En otras palabras: pasadas las muchas transmutaciones que el cuerpo del hombre necesitó para alcanzar la figura humana, esta permanecerá invariable en su configuración básica una vez alcanzada. Sin embargo, empezará la transformación y purificación del alma, con la finalidad de acercarse cada vez más al Espíritu de Dios mismo, y unirse con Él.
Se plantea la cuestión de qué pasará si la unión no se realiza. Ahora la materia y el espíritu están enfrentados nítidamente y aunque se vayan refinando cada vez más, seguirán siendo polaridades opuestas que nunca se podrán tocar. De modo que hay que preparar un camino, tender un puente por el cual sea posible llegar desde la materia al espíritu. Y este camino debe ser ejemplar para que cualquiera pueda seguirlo. Si el hombre no lo encuentra o no lo anda, la salida de la materia y la entrada en una vida espiritual refinada le resultarán imposibles. Por lo tanto, una vez que las criaturas de la Divinidad hayan llegado al umbral desde donde es posible andar el camino espiritual hacia la filiación del Padre, la misma Divinidad debe anhelar atraerlas hacia Sí, puesto que por Amor a ellas y para su propia salvación les había impuesto ir por el camino de la materia.
Adán era quien debía construir este puente en su interior y no lo tuvo demasiado difícil al existir entonces pocos estímulos hacia la materia. El puente se habría hecho con tan sólo la victoria sobre sí mismo y la obediencia. La vida espiritual de Adán podría haber florecido, puesto que para un hombre por lo demás libre de cualquier pecado, la única prueba es la obediencia a Dios. Sólo a causa de la desobediencia se produjeron todas las demás faltas consecutivas. Como Adán cayó, se produjo una recaída en la materia, es decir, en aquella polaridad que puede alejarse tanto de Dios como Dios elevarse a esferas cada vez más gloriosas.
Muchas veces almas especialmente fuertes intentaron abrir la maraña de follaje para dejar pasar los rayos del sol. Algunas lo lograron parcialmente, y de ello resultaron las antiguas religiones. Aun así, aquellas almas fuertes no lograron dar con el núcleo del árbol, o sea, cortarle la copa de manera tal que el mismo árbol tuviera que morir. Y no lo lograron pues ellas mismas no estaban libres de culpa en su vida terrena: antes de sentir la sed de la verdad y de la percepción de Dios habían disfrutado sobre todo del mundo. Únicamente Jesús logró no sólo quitar la copa, sino también eliminar el árbol del pecado. Porque alcanzó en su interior el nivel que Adán no consiguió. y así reconcilió en Sí a la Divinidad que había sido provocada en su Santidad por el mandamiento no respetado.
¿En qué consiste la redención? Consiste en el hecho de que ahora el camino que lleva directamente a Dios está abierto, y que al Hijo del hombre, Jesús, lo ha cumplido, por lo que se convirtió en el Hijo de Dios».
El Señor, en otra ocasión: « Nadie llegará al Padre sino a través de Mí. Y sin la fe en Jesús, jamás ningún sabio ha percibido al Ser divino todopoderoso, fuente primaria de todo Amor, que puede llegar a mostrarse en forma personal. En Jesús, lo Invisible se vuelve visible. Y esta unión de ambas cualidades en la forma humana hace posible que la criatura pueda acercarse al Creador... Esta unión hace posible la disolución de la materia en el espíritu y remite los pecados siguientes al primero más allá del umbral que separa la materia del espíritu, dos puntos opuestos que nunca podrían llegar a tocarse. El puente es la vida de Jesús».

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