De la enseñanza del Señor sobre el alma:
a) La esencia y el objetivo de la materia en el proceso de la evolución de las almas
El Señor: «Toda materia de esta tierra -desde la piedra más dura hasta el éter de mas arriba de las nubes- es sustancia anímica que necesariamente se encuentra sometida a juicio, por lo cual está solidificada. Su destino es volver a su condición puramente espiritual y libre, una vez alcanzada una vida autónoma precisamente mediante esta solidificación. Pero para alcanzar dicha autonomía mediante una actividad propia cada vez más intensa, el alma liberada de la materia condensada ha de evolucionar durante incontables ciclos de vida, encarnandose cada vez en un nuevo cuerpo material y atrayendo nuevas sustancias vitales para absorberlas e iniciar actividades nuevas.
Cuando un alma encarnada, sea en una planta o en un animal, ya ha alcanzado la madurez necesaria para poder entrar en un ciclo de vida mas elevado, su espiritu en el Más Allá, que continuamente la esta formando, se encarga que le sea quitado el cuerpo, ya inservible puesto que no le permite un desarrollo mayor. Así el alma, ahora dotada de inteligencias superiores, puede formarse otro cuerpo para poder seguir trabajando en él durante cierto tiempo, hasta que de nuevo hayan aumentado sus facultades. Y así sucesivamente, hasta llegar a ser hombre. En este último cuerpo suyo y ya totalmente libre, el alma puede alcanzar la plena consciencia de si misma, el conocimiento de Dios, el Amor hacia Él y, finalmente, la unión completa con su espiritu del Más Allá, cuya unión denominamos el renacimiento en el espíritu.
Una vez que un alma haya alcanzado este nivel de vida, será perfecta. Y como ser completamente autónomo con vida propia, su individualidad ya no podrá ser anulada o absorbida por el Ente universal divino.
La señal mas segura de que el alma de un hombre ya ha alcanzado la autonomía de vida, consiste en que reconoce a Dios y le ama con todas sus fuerzas.
Porque si un alma no reconoce a Dios como ser exterior a ella, esta todavia sin individuailidad y sujeta a la fuerza de la Omnipotencia divina.
En tales condiciones tendra que luchar aún mucho para librarse de esas ataduras. Pero cuando un alma empieza a reconocer al Dios verdadero como a un ser externo a ella y, mediante el amor hacia Él, empieza a percibirle claramente como a un ser individual real, entonces ya esta libre de las ataduras de la Omnipotencia divina y pertenece cada vez mas unicamente a si misma, volviéndose asi creadora de su propio ser y de su propia vida, y con ello una autonomía amiga de Dios para toda la etenidad».

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