De la enseñanza del Señor sobre el alma:
b) Las etapas de la evolución de las almas
El Señor: «Todo lo que la tierra contiene, desde su centro hasta más allá de las regiones dónde llega el aire, es sustancia anímica, aunque durante este periodo suyo de liberación se encuentre todavía, durante cierto tiempo, en un estado más o menos condensado, un estado en que la vista y el tacto del hombre pueden percibirla como materia muerta, dura, o más o menos blanda.
Ello incluye todas las clases de piedras, minerales, tierras, el agua, el aire, y todos los elementos aun sin combinar. Luego viene el reino vegetal en el agua, sobre la tierra y su paso al reino animal. En este reino el juicio resulta mas suave, y la sustancia anímica se eneuentra ya en una fase de liberación más avanzada que antes, cuando todavía estaba bajo el duro juicio de la materia bruta, sustancia anímica cuyas partículas se encuentran aún mezcladas caoticamente.
Para formar inteligencias individuales a partir de esta mezcla, hace falta seleccionar partículas anímicas y separarlas de la mezcla. El resultado es que en este segundo reino, el vegetal, hay una gran diversidad de almas individuales. Y si la sustancia anímica del segundo reinó, el vegetal, hubó de pasar una selección estricta, en el tercer reino, el de los animales, que tiene aún mucha más variedad, las inteligencias ya más prósperas y libres tienen que ser sometidas a una selección aún mucho mas minuciosa, con el fin de que las particulas de la sustancia anímica originalmente tan desunidas entre sí, entren por fin en una unión cada vez mas intensa. Por eso se unen en este reino incontables partículas de sustancia anímica de animales minúsculos, de las especies mas distintas, para formar juntas un alma de animal mas grande, por ejemplo, un gusano o un insecto.
Innumerables almas de tales insectos, también de una gran multitud de especies, tan pronto como dejan atras la envoltura material que los ataba, se juntan a su vez en un alma animal mayor y mas perfeccionada. Este proceso continúa hasta que las almas formadas animen los grandes animales ya perfectos, sean salvajes o dóciles. Y desde esta unión, la última tratándose de almas de animales, surgen las almas de los seres humanos, bien dotadas de toda clase de facultades inteligentes.
Cuando un ser humano nace a este mundo y recibe un cuerpo físico para la liberación definitiva de su alma, Dios ha dispuesto sabiamente que no pueda ni desee recordar todos esos ciclos preliminares transitorios necesarios para su desarrollo, ni que todas sus particulas tuvieron que desarrollarse por separado, parecido a un ojo que no puede ver ni distinguir las pequeñas gotas de agua que componen el mar. Porque si el alma humana fuese consciente de ello, no podria soportar la realidad de ser la unión de infinitas particulas de las mas diversas sustancias anímicas e inteligentes, y trataria de disolverse lo antes posible como una gota de agua sobre un hierro incandescente.
Y para que el alma humana se conserve es preciso eliminar cualquier recuerdo anterior, y eso precisamente dotándola de un cuerpo físico que la envuelva, hasta que llegue la hora de la completa unión interna del alma con su espiritu de Amor surgido de Dios; ya que este espíritu de Amor es como el pegamento que mantiene unidas las infinitamente diversas particulas anímicas e inteligentes, a las que da consistencia formando con ellas un ser completo eternamente indestructible.
Mediante este espiritu de Amor las partículas anímicas dejan de ser opacas unas para otras y se reconocen entre si, concibiendo con toda claridad que forman un ser perfecto y semejante a Dios, un ser que alaba y glorifica su Amor, su Sabiduria y su Poder».

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