De la enseñanza del Señor sobre el alma:
g) Sobre la manera de llevar la vida en la Tierra y en el Más Allá
El Señor a los fariseos:« El hombre ha de actuar en el mundo y resistir voluntariamente las malas tentaciones mundanas. De esta manera su alma se fortalece y la fuerza del Espíritu de Dios la penetrará. Pero con una vida regalada nadie puede llegar a la
verdadera vida eterna, que es en si la máxima actividad fructuosa en todas las esferas y a todos los innumerables niveles de vida.
Los hombres que se retiran del mundo como los ermitaños de los montes Carmelo y Sión, no pecarán más de lo que pueda pecar una piedra. Pero, ¿qué mérito tiene la piedra por no pecar? El dia que el alma tenga que desprenderse de su cuerpo, ¿qué hará en el Más Alla, debilitada por su gran inactividad? Porque allí tendra que pasar por pruebas de todas clases que han de animarla para que entre en plena y verdadera actividad. Para el alma que llega allá dotada con sus capacidades terrenales, estas pruebas todavia seguirán siendo las mismas de aqui, sólo que allá, siendo sólo un alma, le resultarán inevitablemente más duras que aqui en cuerpo humano. Porque todo lo que un alma piensa y quiere, en el Más Allá se hace inmediatamente realidad. Aqui solo tiene que tratar con sus pensamientos e ideas invisibles, mas fáciles de combatir y desbaratar. Pero donde los pensamientos e ideas se vuelven inmediatamente una realidad visible, ¿como combatirá un alma débil el mundo creado por ella misma? Por eso las tentaciones en el Más Allá son mucho mas fuertes que aqui.
¿Qué podrá hacer el alma para liberarse de la dura carcel creada
por sus propias malas pasiones? En estas condiciones tendrá que volverse mucho más activa para librarse de las aberraciones de sus propios pensamientos, ideas e imágenes. Pues si ella misma no pone primero manos a la obra, no le llegará ayuda alguna mediante un acto misericordioso, sea directamente de Dios o de cualquier otro ser espiritual, como frecuentemente sucede aqui en la tierra.
Pues quien no busca a Dios con ahinco, sino que se deja llevar por las apetencias mundanas, le pierde. Y Dios no le hara señal ninguna por la que pueda darse cuenta de lo lejos que se halla de Él. Sólo cuando vuelva a buscar a Dios por deseo e impulso propio, Él comenzara también a acercarsele. Dios se dejará encontrar por el buscador en la medida en que este tome en serio su búsqueda».

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