El verdadero conocimiento de la Sabiduria de Dios
El Señor a Nicodemo: «Mi Palabra y mi Enseñanza no os pueden ser presentados con retórica racional y sabiduria intelectual mundana, sino que consisten en daros testimonio del Espíritu y su Fuerza, desconocidos para vosotros, para que vuestra fe y vuestros conocimientos futuros no se basen en la sabiduria de los hombres espiritualmente ciegos sino en la maravillosa Fuerza del Espiritu procedente de Dios.
Aunque ante los ojos de los intelectuales del mundo esta forma mia de enseñar y hablar parezca un disparate porque no saben nada del Espíritu y su Fuerza ni nada perciben con sus toscos sentidos, aún asi mi Enseñanza es la Sabiduria mas profunda y mas elevada, aunque ínicamente ante los ojos, oidos y corazones de los hombres perfectos que son de buena voluntad y siempre cumplen con los Mandamientos de Dios. Pero mi Sabiduria más profunda no llega a los sabios y soberanos de este mundo, pasajeros ellos al igual que su sabiduria.
Os estoy hablando de la Sabiduria oculta de Dios que Él, ya antes de la creación de este mundo material, os ha reservado para la magnificencia eterna de vuestra vida. Lo que ahora os revelo, es lo que el Espiritu de Dios manifiesta a vuestro espiritu para que este pueda examinar y reconocer las profundidades de Dios. Pues únicamente el espiritu penetra todas las cosas y las explora y, cuanto mas puro es, tanto mas profundamente penetra en las honduras de Dios. Por eso ahora no recibiréis de Mi el espíritu del mundo que ya no os hará falta nunca, sino el Espiritu que surge de Dios, para que a través de este podais percibir y comprender verdaderamente qué es lo que os transmito, recibido de Dios.
Por eso no puedo hablar con vosotros a la manera intelectual humana, ni tampoco podréis comprenderme totalmente ya que vuestro espiritu aún no ha penetrado por entero vuestra alma. Pero una vez que esta, con todo su amor y su buena y libre voluntad se encuentre en el Espiritu procedente dé Dios que recibiréis ahora, entonces vosotros mismos podréis apreciar todas las cosas de manera espiritual y sabréis y entenderéis todo lo que ahora todavia os parece oscuro e incomprensible.
Ya estais comprendiendo algo acerca del etemo y verdadero Espiritu de Dios y ya podéis apreciar espiritualmente alguna que otra cosa. Pero el hombre natural no percibe nada del Espíritu de Dios que mora en él; y todo lo que se le habla sobre él le parece un disparate porque en su interior no hay nada que faculte a su alma para emitir un juicio de manera espiritual. Pues antes que el alma de un hombre pueda percibir y entender lo espiritual, tiene que ser orientada totalmente hacia el espiritu. Porque toda verdadera vida, luz y fuerza se encuentra unicamente en el Espíritu, que todo lo determina y a quien nada ni nadie puede juzgar.
El hombre natural cuyo espiritu no se ha desarrollado, no es sino materia que se encuentra en el juicio. Pues su vida natural le fue concedida por el Espíritu de Dios, únicamente para que, mientras quiera, pueda con ella despertar en si la verdadera vida espiritual. Por eso ya es capaz de comprender los Mandamientos de Dios con su entendimiento natural y de tomar la libre decisión de observarlos, viviendo y actuando de acuerdo con ellos. Si lo hacé, entonces el Espiritu de Dios penetra en su alma en la medida en que la misma progrese en el cumplimiento de los Mandamientos de Dios, en la fé en El y en el amor a Dios y a su prójimo.
Cuando el alma ha alcanzado mediante sus aspiraciones una consistencia firme que no permite ya una recaida, ello será un indicio cierto que el Espiritu de Dios la ha penetrado del todo y que toda su facultad de entender y saber esta orientada de manera espiritual. Por consiguiente, tal alma ha superado toda su antigua materia muerta y se ha vuelto una con el Espiritu de Dios, que la ha traspasado totalmente, convirtiéndose con Él en un espíritu, una fuerza, una luz y una verdadera vida indestructible que nada ni nadie podra juzgar jamás.
Por eso, buscad ante todo el verdadero Reino de Dios y su justicia. Pues, todo lo demás os lo dará por añadidura el Espiritu de Dios en vosotros.
Os digo tal como esta escrito: "¡Ningún ojo físico ha visto, ningún oido ha escuchado y ningun corazón humano ha percibido las maravillasque esperan a aquellos que le aman y que viven y actuan segun sus Mandamientos!"».

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