De la enseñanza del Señor sobre el alma:
h) El alma en el Más Allá
El Señor: «Cada Alma tendrá en el Más Allá lo que quiere . Si se trata de algo malo, entonces se le advierte previamente de las consecuencias que ello aquello acarreará necesariamente. Si hace caso, se le podrá ayudar rápida y fácilmente; de lo contrario, se le dejará libre para conseguir y disfrutar lo que tanto desea.
Esta apetencia, buena o mala, es la vida propia del alma de cada
ser humano, ángel o diablo. Si se la quitaramos al alma, le quitaríamos también la vida y la existencia. Sin embargo, esto no cabe en el Orden de Dios; porque si se pudiera destruir tan solo el átomo mas pequeño de la Creación, entonces Dios mismo tendría que perderlo de su ser, lo que es simplemente inimaginable.
Todavía menos puede el alma de un ser humano perder su existencia; sin embargo, puede llegar a ser muy infeliz y desventurada a causa de su propia voluntad. Pero, con tal que le desee seriamente, logrará de nuevo volver a ser feliz y dichosa, también por su propia y libre voluntad».
El Señor, en una enseñanza a los pescadcres en el Lago Blanco: «La verdadera bienaventuranza de la vida no consiste en una visión clara y un entendimiento lúcido, sino sólo en una actividad amorosa cada vez mayor. Por ello, ante todo, cada alma ha de adoptar la actividad amorosa como único elemento báisico de la vida; de lo contrario nunca alcanzará la claridad interior. Porque la actividad amorosa es un fuego interno viviente que, mediante el constante estimulo, producirá una llama más y más luminosa.
Una vez que este elemento básico de la vida del alma se haya despertado totalmente hasta que al fin la misma alma se convierta en él, lo que significa que todo el hombre ha renacido en el espiritu, el alma continuará siempre en máxima actividad, pese a la claridad interior ya obtenida como consecuencia de la actividad amorosa aumentada al máximo posible. Y su dicha y su claridad aumentaran según esta actividad amorosa, y no según su claridad la cual no es sino una consecuencia de la misma actividad amorosa. Porque Dios ya dispuso hace eternidades que ningún espíritu ni alma humana pueda llegar a la Luz sin una actividad amorosa adecuada.
¿Como producen la luz los hombres en este mundo material? Frotan un palo de madera con otro o una piedra con otra hasta que saltan chispas. Cuando estas caen sobre un material facilmente inflamable, como madera, paja, cierta resina mezclada con azufre y naftalina, pronto arderá una llama que irradia su luz en todas direcciones.
¡Hasta en el mundo de la materia muerta resulta que para obtener fuego y luz hace falta una cierta actividad previa! Tanta más actividad! Tanta más actividad previa requiere Luz de la Vida en el alma, una actividad que despierta el Amor, elemento básico de la Vida. Y mediante una actividad amorosa cada vez mayor, se enciende en el.alma la Luz, la Sabiduria que conoce, estima y manda en si misma y en todas las cosas que surgen de ella.
Estas son las relaciones referentes a la vida del alma y a la claridad de su conocimiento interior. De rnodo que la sabíduria de un alma, aquí y más aún en el Más Allá, siempre es consecuencia de su actividad. Si fuera posible que esta actividad se acabara algún día, entonces terminarían también la sabiduría y la claridad interior vital del alma. ¿Lo has comprendido?».
Responde uno de los pescadores:
«Si, Señor y Maestro. Pero me gustaría aún saber cual será la
actividad principal de un alma perfecta en el gran Más Allá... En esta Tierra tan dura hay miles de cosas que el hombre debe hacer si quiere sobrevivir. ¿Qué habrá que hacer en el gran Más Allá espiritual? ¿Acaso ahí también se ara, se siembra y se cosecha para mantener la vida?».
Responde el Señor:
«Sí, amigo mío, se ará, se siembra y se cosecha, pero naturalmente de una manera distinta y en otro sentido que en este mundo material. Sin la gran actividad de los espiritus, sobre todo de los perfectos, nada podría realizarse en ninguna tierra. Y más aún: No sólo no creceria nada en ella ni ser vivo alguno se moveria sobre su suelo, sino que ni siquiera habria ningún sol ni tampoco ninguna tierra...
Los hombres aran la tierra y siembran la semilla en los surcos. Pero es tarea de los espiritus A llevar a cabo la germinacion, elcrecimiento y la maduracion de los frutos. Especialmente los espiritus perfectos tienen mucho que hacer, tanto en esta Tierra como también en todos los demás astros. Pero más aún tienen que hacer para formar adecuadamente a las almas y perfeccionar a los hombres, ya aqui en la tierra y mucho más todavia en el Más Allá. Pues al Más Allá siempre llegan incomparablemente más almas imperfectas que perfectas, sobre todo de las que vienen de esta Tierra. Las imperfectas y maliciosas, con ayuda de espíritus naturales inmaduros , pronto deteriorarían toda la Tierra, demanera que ya no creceria en ella ninguna hierba, ningún arbusto, ni árbol ninguno. Y tampoco podrian seguir existiendo los animales ni los hombres...
Sólo se lo impide el amor, la sabiduria y el poder de los espíritus perfectos que, poco a poco, las van educando, para que se vayan acercando al Reino de Dios. La manera como estos espíritus perfectos logran todo esto no puede describirse con palabras. Pero en cuanto hayas renacido en el espiritu, todo cuanto los espiritus obran y actuan en el gran Más Allá será para vosotros mucho más claro y comprensible. ¿Has entendido
esto también?».
Responde el mismo pescador:
«Sí, mi querido Señor y Maestro, y te agradezco tu infinita paciencia con nosotros que somos débiles e ignorantes. Seguramente pasará todavía mucho tiempo hasta que entendamos completamente tantos misterios entre los que vivimos. Vemos el agua y la disfrutamos, pero no sabemos nada sobre su esencia. También vemos el fuego y su luz, sentimos su ardor y calor, pero ignoramos por completo en qué consiste realmente y cuál es su razón de ser. Pero sea como fuere, estamos muy felices y contentos de que gracias a tu inmensa Misericordia y Amor hayamos llegado ahora al camino inequívoco hacia la completa y viva Verdad. ¡Oh, querido Señor y Maestro! iasístenos también con tu Gracia para que no nos cansemos o debilitemos, ni caigamos en la pereza nunca para seguir este camino hasta llegar a la luminosa meta!».
Responde el Señor: «El que tenga fe y vaya sobre el camino correcto, ese también conseguirá aquello por lo que se está esforzando seriamente».

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