El Saber y la Sabiduría. El Saber y la fe.
El Señor a Lazaro: «Ya os he explicado muchas cosas y vosotros ya comprendéis mucho de ello. Sin embargo lo principal es y sigue siendo el anhelo continuo por llegar al renacimiento cabal del espíritu en el alma. Porque solamente así sera elevado el hombre a toda la Verdad y Sabiduria, consiguiendo con ello una Luz completa y coherente, desde lo terrenal hasta lo celestial puramente espiritual, y junto con la Luz, también la Vida eterna, que sera intinitamente más que todas las ciencias de todas las cosas naturales. ¿De qué le serviría a un hombre conocer todas las cosas y fenómenos y ser capaz de interpretarlas con una menta aguda, de forma verdadera y exacta, en todos los reinos naturales, desde lo mas grande hasta lo mas pequeño, si estuviese tan lejos del renacimiento del espiritu en el alma como la tierra del Cielo?».
El Señor a sus discipulos: «Así como Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida, de lo cual ya os he dado suficientes pruebas, el Reino de Dios que ha venido conmigo a este mundo es, al mismo tiempo, la verdad más pura y la más perfecta. Y considerad también que siempre es mucho más fácil enseñar conocimientos al hombre que elevar su ánimo a una fe firme y sin dudas. Por ello debéis prestar más atención al cúltivo de una fe viva que a los meros conocimientos. Pues el solo saber no es vida y una fe pura y viva basada en las obras del amor si es vida.
El saber, por puro que sea, no es sino reflejo de las cosas y de su orden en este mundo que, tal como es, es perecedero, al igual que todas las cosas que hay en, sobre y encima de él. En cambio, las cosas de la fe son una verdadera Luz de los Cielos, un elemento vivo del ánimo, del alma y de su espiritu, inmortales e imperecederos.

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