Sobre la oración
El Señor a sus discípulos: «Que los hombres practiquen en todo momento la verdadera oración y que no se cansen de ella; porque la confianza firme aumentará en el hombre mediante un ejercicio aplicado, que hasta ahora siempre ha ayudado al discípulo a llegar a la maestría. Un hombre provisto de todos los bienes de esta Tierra olvida fácilmente rezar con fe.
Si algún día le sobreviene una miseria, seguro que empezará a pedir ayuda a Dios. Pero falto de ejercitar la confianza viva en Dios, no tendrá evidentemente la suficiente para creer que Dios le escuchará. ¿De qué manera puede el hombre aumentar su confianza en Dios, sino mediante el ejercicio continuo de la oración y de las súplicas?».
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